Arqueología digital revela: romanos usaban heces como medicina

Un análisis químico realizado en frascos medicinales del siglo II d.C. descubiertos en Turquía confirmó lo que solo existía en textos antiguos: los romanos prescribían excrementos humanos como tratamiento terapéutico. El hallazgo, publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports, es la primera prueba directa que valida una práctica médica que parecía más ficción que realidad.
Cuando la infraestructura no era suficiente
El Imperio Romano fue pionero en ingeniería sanitaria. Construyó acueductos, sistemas de alcantarillado sofisticados, termas públicas y letrinas que funcionaban con agua corriente. Sin embargo, pese a estos avances infraestructurales, Roma seguía siendo una ciudad con graves problemas de contaminación fecal. La paradoja es evidente: tener la mejor tecnología disponible no garantiza que se comprenda cómo funciona realmente la salud pública.
Los naturalistas romanos, como Plinio el Viejo, dejaron registradas en sus escritos referencias a la utilización de excrementos para curar dolencias. Pero durante siglos, los historiadores cuestionaban si estas prácticas eran simplemente teóricas o si realmente los médicos las aplicaban en pacientes. La medicina antigua era, en muchos casos, una mezcla caótica de fórmulas que nunca llegaban a implementarse en la práctica clínica.
Este escepticismo cambió cuando investigadores turcos decidieron analizar unos frascos de vidrio aparentemente olvidados en las bóvedas de un museo.
La tecnología que desentrañó un misterio de 1.800 años
El profesor Cenker Atila de la Universidad de Cumhuriyet, mientras trabajaba en los almacenes del Museo de Pérgamo en Turquía, notó algo peculiar: varios frascos de vidrio del siglo II d.C. aún contenían residuos solidificados en sus paredes internas. Uno de ellos, con forma característica de candelabro y conocido como unguentarium, tradicionalmente servía para guardar perfume o productos cosméticos. La curiosidad científica llevó a Atila a preguntarse qué contenía realmente.
El equipo de investigación utilizó una técnica analítica llamada cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas (GC-MS). Este método, común en laboratorios modernos, permite identificar y cuantificar compuestos específicos dentro de mezclas complejas con precisión extraordinaria. Después de raspar cuidadosamente los residuos del interior del frasco, los investigadores los introdujeron en el equipamiento.
Los resultados fueron concluyentes: el análisis detectó coprostanol y 24-etilcoprostanol, dos biomarcadores que solo se producen a través de la digestión humana y animal. Era la primera prueba química directa de que los romanos no solo escribían sobre usar excrementos con propósitos medicinales, sino que realmente lo hacían. Además, el frasco provenía de Bergama, la antigua Pérgamo, la ciudad natal de Galeno, el médico más renombrado del Imperio Romano, quien vivió en ese lugar durante los años 129 a 216 d.C., período que coincidía exactamente con la datación del recipiente.
Pero hay más: el análisis también identificó carvacrol, el compuesto aromático característico del tomillo. Los investigadores proponen que los médicos romanos mezclaban deliberadamente los excrementos con hierbas de aroma intenso como tomillo y orégano para enmascarar el olor desagradable, haciendo el tratamiento más tolerable para los pacientes. Es una solución pragmática de marketing médico antigua.
Impacto en Colombia y Latinoamérica
Este descubrimiento tiene implicaciones importantes para cómo entendemos la medicina tradicional en Latinoamérica. Muchas comunidades indígenas colombianas y de la región han mantenido prácticas medicinales ancestrales que la ciencia occidental descartaba como superstición, similar a cómo se cuestionaban los textos romanos. El hallazgo refuerza la necesidad de estudiar con rigor científico las prácticas tradicionales antes de rechazarlas. En Colombia, donde existe una riqueza importante de conocimiento médico tradicional, iniciativas como esta arqueológica podrían inspirar investigaciones sobre remedios que han funcionado en comunidades durante siglos pero carecen de validación científica moderna.
Además, la relevancia actual de esta investigación es directa: los trasplantes de microbiota fecal son un tratamiento aprobado en hospitales de Bogotá, Medellín y otras ciudades colombianas para infecciones intestinales severas como la Clostridioides difficile. Los romanos estaban adelantados a su tiempo, aunque no comprendieran completamente la biología detrás de su medicina.
Lecciones para la medicina moderna
El hallazgo en Turquía recuerda una verdad incómoda sobre la innovación: a veces, lo antiguo regresa cuando la ciencia finalmente entiende cómo y por qué funciona. Hoy, la medicina moderna reconoce que los excrementos contienen comunidades microbianas valiosas. Los trasplantes de microbiota fecal, ampliamente usados en el tratamiento de infecciones resistentes a antibióticos, son la versión científicamente validada de lo que Galeno y Plinio intentaban hacer hace casi 2.000 años.
Este descubrimiento arqueológico también subraya la importancia de la metodología científica moderna para validar o refutar creencias antiguas. Sin la cromatografía de gases y la espectrometría de masas, nunca habríamos tenido certeza sobre prácticas médicas que dejaron solo rastros químicos invisibles al ojo humano. Para la próxima década, estos métodos de análisis seguirán revelando secretos de civilizaciones pasadas, reescribiendo nuestra comprensión de cómo vivían y se cuidaban nuestros antepasados.
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