Las Backrooms llegan al cine: del terror de internet a Hollywood

Una fotografía sin contexto, publicada hace cinco años en 4chan, desencadenó la construcción colectiva de la mitología de horror más inquietante de la era digital. Ahora, la productora A24 ha invertido 10 millones de dólares para trasladar este fenómeno viral a la pantalla grande, con estreno programado para mayo de 2026. La pregunta que todos se hacen: ¿puede Hollywood contener algo que, por definición, carece de forma definida?
Cómo nace el miedo en una habitación amarilla
Todo comenzó de forma desapercibida. El 12 de mayo de 2019, un usuario anónimo publicó un hilo en /x/, el tablón de 4chan dedicado a temas paranormales, con una propuesta aparentemente inocua: compartir imágenes que generaran una sensación de extrañeza. Entre cientos de respuestas surgió una fotografía sin firma ni explicación: una habitación de enormes dimensiones cubierta completamente de moqueta amarillenta, paredes del mismo tono, e iluminada por una luz fluorescente que parecía emanar de ningún lugar específico. Sin personas, sin ventanas, sin contexto alguno. Era banal hasta el punto de resultar claustrofóbico.
Lo que parecería un intercambio ordinario en un foro se convirtió en el detonante de un fenómeno cultural sin precedentes. Al día siguiente, otro usuario agregó una descripción que cambiaría todo: si uno lograba "atravesar la realidad en los puntos equivocados", quedaría atrapado en las Backrooms, un no-espacio que se extiende por casi mil millones de kilómetros cuadrados de habitaciones desiertas. El concepto se apoyaba en jerga videojueguil —específicamente, el término "noclip" que describe el glitch donde un personaje atraviesa paredes sólidas cayendo al vacío detrás del mapa—. De pronto, la arquitectura real no era solo el escenario: era el monstruo mismo.
Lo notable es que nadie sabía de dónde provenía la imagen original. Sin metadatos, sin firma de autor, la fotografía fue eventualmente rastreada hasta un blog archivado: era la foto promocional de una tienda HobbyTown USA especializada en vehículos radiocontrol, ubicada en Oshkosh, Wisconsin, capturada alrededor de 2002 para anunciar una remodelación. Esa desconexión brutal entre el origen mundano y la carga simbólica monstruosa que la comunidad le atribuyó fue lo que permitió que el mito creciera sin límites.
De 4chan a un universo de terror colaborativo
En pocas semanas, la comunidad de internet había construido un sistema completo. Una wiki emergente comenzó a documentar el "lore" de las Backrooms: un sistema jerárquico de niveles, cada uno con sus propias reglas y características. El Nivel 0 corresponde a la habitación original. El Nivel 1 escala hacia una arquitectura industrial más expansiva. El Nivel 2 introduce túneles de mantenimiento en penumbra donde acecha la sensación de ser observado. Gradualmente, la comunidad fue introduciendo entidades: los Smilers que habitan en la oscuridad, los Facelings —criaturas humanoides completamente desprovistas de rasgos faciales—, y los Hounds de mandíbulas desproporcionadas.
Este fenómeno no surgió en el vacío. Las Backrooms son herederas directas de la tradición del creepypasta, el género de historias de horror colaborativas que ganó tracción en foros como 4chan desde principios de los 2000. Hitos como "Ted the Caver" (2001) y "Slender Man" (2009) establecieron la fórmula: narrativas sin cierre definitivo, ambigüedad inquietante, realismo documental y un terror que opera en lo familiar descontextualizado. Sin embargo, las Backrooms refinaron esta fórmula eliminando incluso los personajes monstruosos como elemento central. El espacio mismo era suficiente.
El punto de inflexión llegó en 2022 cuando Kane Parsons, productor de YouTube conocido como Kane Pixels, publicó un cortometraje de nueve minutos filmado en primera persona con estética VHS. En "The Backrooms (Found Footage)", una cámara atraviesa accidentalmente el umbral del Nivel 0 perseguida por una entidad apenas visible. El video generó una gravedad narrativa tal que Parsons expandió el universo con su propia mitología —una agencia de investigación ficticia llamada Async, experimentos interdimensionales de los años ochenta, implicación gubernamental— que la comunidad integró parcialmente al canon colectivo. Hoy, esa serie acumula más de 197 millones de visualizaciones.
El fenómeno no se limitó a videos de YouTube. En agosto de 2022, tres años después del post original en 4chan, "Escape the Backrooms" llegó a Steam como un juego cooperativo para cuatro jugadores que alcanzó un pico de 48.879 jugadores simultáneos con calificación del 91% en reseñas positivas. Otros títulos como "The Backrooms 1998" adaptaron el concepto a perspectiva en primera persona, fusionando la mitología con el auge actual del lo-fi horror o estética inspirada en PlayStation 1.
Este movimiento coincidió con una explosión creativa en comunidades como Haunted PS1, donde desarrolladores independientes compiten anualmente por diseñar experiencias que reproduzcan la textura visual de los años noventa en motores modernos. Las Backrooms encajaban perfectamente en este ecosistema. Ahora, con A24 adquiriendo los derechos de adaptación cinematográfica por 10 millones de dólares, la franquicia da su salto más ambicioso. El trailer revelado muestra una terapeuta que debe adentrarse en una dimensión paralela para rescatar a su paciente desaparecido, alejándose del formato found footage original en favor de una narrativa más convencional. Es un riesgo calculado que podría renovar la estética del cine de terror contemporáneo.
Impacto en Colombia y Latinoamérica
Aunque las Backrooms surgieron como un fenómeno global de internet, su relevancia para el ecosistema creativo latinoamericano es notable. Colombia cuenta con una comunidad creciente de desarrolladores de videojuegos, creadores de contenido en YouTube y productores audiovisuales que han seguido de cerca la evolución de este mito. Plataformas como YouTube, TikTok y Twitch han democratizado la capacidad de nuestros creadores para participar en tendencias virales globales, algo impensable hace una década. El éxito de las Backrooms demuestra que una idea generada colaborativamente en internet puede trascender fronteras y generar oportunidades comerciales reales, desde juegos hasta películas de presupuesto importante.
Para la industria audiovisual colombiana, casos como este son inspiradores: demuestran que no es necesario un estudio hollywoodense tradicional para crear contenido que capture la imaginación global. Creadores como Kane Pixels generaron su universo desde su habitación, usando herramientas accesibles. En Colombia, plataformas de distribución digital y comunidades de desarrollo de juegos indie están creciendo, ofreciendo oportunidades similares para que talentos locales contribuyan a fenómenos culturales globales. Sin embargo, también subraya la necesidad de que nuestro país fortalezca su infraestructura de producción audiovisual y videojuegos para competir en este nuevo panorama creativo.
Qué esperar de esta adaptación cinematográfica
El mayor desafío que enfrenta A24 es traducir a formato cinematográfico tradicional un fenómeno que prospera precisamente gracias a su indefinición y su naturaleza colaborativa. Las Backrooms no tienen un antagonista claro, un propósito narrativo convencional o un desenlace predeterminado. En internet, esa ambigüedad es su fortaleza. En cine, el público espera resoluciones. El trailer sugiere que los productores son conscientes de esta tensión y han optado por insertar un marco narrativo personal —la relación terapeuta-paciente— que podría funcionar como ancla emocional.
Lo que veremos el 29 de mayo de 2026 será decisivo no solo para la franquicia sino para el futuro del cine de terror. Si la adaptación logra mantener la atmósfera de inquietud sin necesidad de explicaciones exhaustivas, podría establecer un nuevo parámetro para cómo Hollywood adapta fenómenos virales. Si, en cambio, cede a la presión de proporcionar lógica clara y resoluciones definitivas, podría perder lo que hace únicas a las Backrooms. Por ahora, una cosa es segura: una fotografía de una tienda de hobbies en Wisconsin de 2002 pasará a la historia como el punto de origen de una de las mitologías de horror más influyentes del siglo XXI.
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