Centros de datos: el plan B de Arabia Saudí tras fracaso de The Line

Centros de datos: el plan B de Arabia Saudí tras fracaso de The Line

Arabia Saudí está reconvirtiendo el fracasado megaproyecto The Line —una ciudad lineal de 170 kilómetros que debía albergar 9 millones de personas— en lo que podría convertirse en uno de los mayores centros de datos del mundo. La ambición es clara: posicionarse como el epicentro global de la inteligencia artificial, aunque esto implique abandonar una de las promesas más osadas del reino.

Índice
  1. De la ciudad futurista al fracaso financiero
  2. La nueva carrera por la inteligencia artificial
  3. La infraestructura técnica de la ambición
  4. ¿Qué significa esto para Colombia y Latinoamérica?
  5. ¿Realidad o promesa sin cumplir?

De la ciudad futurista al fracaso financiero

Hace casi diez años, Arabia Saudí presentó Neom como su apuesta maestra para diversificar la economía más allá del petróleo. The Line era la joya de la corona: una estructura lineal de 500 metros de altura, completamente automatizada, sin vehículos tradicionales y alimentada por energías renovables. El presupuesto inicial alcanzaba los 500.000 millones de dólares, una cifra astronómica incluso para un país con recursos petroleros ilimitados.

Pero la realidad se encargó de templar las ambiciones. Con el paso de los años, los planes se redujeron drásticamente: de 170 kilómetros de largo bajaron a apenas 2,7 kilómetros; la población esperada cayó de 9 millones a 300.000 habitantes. Expertos independientes comenzaron a calificar el proyecto como "desanclado de la realidad", señalando que ni siquiera la riqueza saudí podría absorber un costo de esa magnitud. La construcción, plagada de controversias por el desplazamiento forzoso de comunidades locales, se fue desmoronando gradualmente.

En lugar de admitir el fracaso abiertamente, el reino encontró una solución pragmática: reutilizar la infraestructura ya construida. Así nació el plan B: transformar los terrenos de The Line en enormes centros de datos, aprovechando el trabajo de excavación ya realizado y las conexiones eléctricas parcialmente instaladas.

La nueva carrera por la inteligencia artificial

Esta reconversión no surge del aire. Arabia Saudí ha estado invirtiendo agresivamente en infraestructura para inteligencia artificial durante los últimos meses. En 2024, destinó 7.000 millones de dólares a Nvidia para construir un centro de datos descomunal. Simultáneamente, creó una empresa llamada Humain en la que ya participan gigantes como Nvidia y AMD, con el objetivo de posicionarse como nodo central de la IA a nivel mundial.

Las apuestas del reino no se limitan a la infraestructura de servidores. También ha realizado inversiones estratégicas en el sector de entretenimiento digital: en septiembre compró una participación mayoritaria en Electronic Arts por 55.000 millones de dólares, no por los videojuegos en sí, sino para obtener influencia cultural en millones de hogares. Actualmente negocia la adquisición de una empresa de juegos móviles por 7.000 millones de dólares. Estas compras parecen desconectadas, pero responden a una estrategia coherente: posicionarse como potencia tecnológica global.

Lo que hace viable este plan es que Arabia Saudí no solo tiene capital infinito, sino también tres activos únicos: control sobre fuentes de energía (petróleo, gas y energías renovables como la solar), vasto territorio disponible en el desierto, y —crucialmente— acceso estratégico al Mar Rojo. Este último punto es fundamental para la conectividad global mediante cables submarinos de fibra óptica que integren los centros de datos con nodos en Europa y África.

La infraestructura técnica de la ambición

Los centros de datos de gran escala enfrentan desafíos técnicos específicos que Arabia Saudí cree poder resolver. El primero es la disipación térmica: los servidores generan calor extremo y requieren agua en cantidades masivas. Aunque el Mar Rojo no es adecuado directamente (el agua salada causa corrosión), el acceso a este cuerpo de agua implica conexiones con sistemas de refrigeración avanzados e intercambio de calor. Además, la cercanía al mar permite distribuir la carga térmica de forma más eficiente.

La energía es otra consideración crítica. Los centros de datos consumen electricidad de forma continua e intensiva. Arabia Saudí tiene la ventaja de poder combinar fuentes de energía: electricidad de plantas de gas natural, inversiones masivas en energía solar en el desierto, e incluso proyectos de hidrógeno verde en desarrollo. Esto proporciona redundancia y flexibilidad para mantener operaciones 24/7 sin interrupciones.

Sin embargo, persisten obstáculos reales. Las temperaturas extremas del desierto saudí complican el enfriamiento de servidores. La escasez de agua dulce es otro reto importante, aunque sistemas avanzados de reciclaje y destilación podrían mitigarlo. El diseño de la infraestructura será más complejo de lo que suena en los comunicados de prensa.

¿Qué significa esto para Colombia y Latinoamérica?

A primera vista, parecería que la estrategia saudí es un asunto lejano para Colombia. Pero hay implicaciones concretas. Si Arabia Saudí logra consolidarse como hub de inteligencia artificial, el flujo de datos, inversión tecnológica y talento gravitará hacia Oriente Medio. Para Colombia y la región, esto presenta tanto riesgos como oportunidades. De un lado, la región corre el riesgo de quedar más rezagada en la carrera de la IA si no invierte en centros de datos propios y conectividad internacional de calidad. De otro, empresas tecnológicas latinoamericanas podrían competir o asociarse con estos nodos saudíes, si existe la infraestructura y regulación adecuada.

Además, la experiencia saudí es un caso de estudio para gobiernos latinoamericanos. Muestra tanto la ambición desmedida (The Line) como la pragmatización necesaria cuando los planes no cuajan. Colombia, con su posición geográfica estratégica entre el Atlántico y el Pacífico, podría desarrollar su propia estrategia de centros de datos si hay inversión pública y privada coordinada. El precedente saudí demuestra que la infraestructura digital es una nueva frontera de poder geopolítico.

¿Realidad o promesa sin cumplir?

La pregunta que flota en el aire es si Arabia Saudí realmente logrará ejecutar este plan o si será otra promesa incumplida. El reino tiene un historial mixto: la Torre Jeddah, el proyecto Mukaab, y un aeropuerto faraónico siguen siendo principalmente promesas. Sin embargo, los centros de datos tienen una ventaja: son más simples de construir que ciudades o torres de kilómetros de altura, y existe demanda real e inmediata de empresas como Amazon, Google y Meta por infraestructura de IA.

Lo probable es que veamos centros de datos operativos en la zona de Neom antes que cualquier otra cosa relacionada con The Line. Las grandes tecnológicas tienen billones en juego en la carrera de la IA y necesitan infraestructura ahora, no en una década. Arabia Saudí tiene los fondos para atraerlas. Pero como sucede con muchos megaproyectos, la brecha entre la ambición y la entrega siempre es más grande de lo que los comunicados de prensa sugieren.

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Luigi Arrieta

Luigi Arrieta

Me gusta escribir sobre tecnología, he sido desarrollador, me gusta la nube y todo lo que tenga que ver con 0 y 1

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