Hay una anécdota que resume bien la obsesión de Steve Jobs por los detalles: cuando el empresario de NeXT necesitaba inversión de Ross Perot, literalmente escondió su Porsche 911 detrás de la oficina para no parecer demasiado rico. Cuatro décadas después, el nuevo CEO de Apple no solo no esconde su Porsche, sino que conduce uno de los 77 ejemplares más exclusivos jamás fabricados.
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La táctica del Porsche invisible
La historia tiene su encanto. A principios de los años 90, cuando Jobs ya había sido echado de Apple y buscaba financiamiento para NeXT, supo que Ross Perot —un millonario petrolero de Texas— visitaría las oficinas. Jobs, quien perfectamente conocía la psicología de los inversores, corrió hacia el despacho de su compañero Randy Adams con una petición urgente: “Tenemos que esconder los Porsches”.
Adams, sorprendido, preguntó por qué. La respuesta fue tan pragmática como desapiadada: “Ross Perot viene y no quiero que piense que tenemos tanto dinero”. Los dos 911 acabaron estacionados discretamente detrás del edificio. El estratagema aparentemente funcionó: Perot invirtió 20 millones de dólares en NeXT.
Lo interesante no es solo la anécdota en sí, sino lo que revela. Jobs entendía que la percepción de necesidad puede ser más poderosa que la realidad de la riqueza. Un superdeportivo en la entrada podría arruinar la negociación. Así funcionaba la mente de alguien que, al mismo tiempo, era obsesivo con los detalles más pequeños de sus productos.
Cuando el CEO exhibe su Porsche
John Ternus, quien asumió la presidencia ejecutiva de Apple el 1 de septiembre de este año, representa un cambio notable. No solo posee un Porsche, sino que además es piloto aficionado con credenciales serias.
Eddy Cue, jefe de servicios de Apple, reveló a Reuters durante el Gran Premio de F1 de Miami que Ternus “conduce un Porsche y participa en carreras de aficionado” —tanto así que faltó a un evento porque estaba compitiendo en Laguna Seca, un circuito emblemático en California. Los números dicen más: Ternus baja de 1 minuto y 40 segundos por vuelta, lo que sugiere que sus habilidades al volante son tan afiladas como su liderazgo corporativo.
Pero el vehículo en cuestión no es un Porsche cualquiera. Se trata de un 935, modelo presentado en 2019 como tributo al legendario 935/78 “Moby Dick” de los años 70. Porsche fabricó apenas 77 unidades en total.
Números que hablan por sí solos
El Porsche 935 es un objeto de culto. Con 700 caballos de potencia, motor trasero biturbo de 3.8 litros y una base heredada del brutal 911 GT2 RS, es una máquina diseñada para circuitos, no para autopistas. Su precio rondó los 702 mil euros sin impuestos.
Lo paradójico: aunque Ternus posee uno de los Porsches más exclusivos del planeta, prácticamente no puede usarlo en la ciudad. El 935 no está homologado para circular en carreteras públicas. Tal como explicó Frank-Steffen Walliser, jefe de Motorsport en Porsche, al no cumplir con regulaciones viales estándar, ingeniero y diseñadores tuvieron libertad creativa total. El hábitat natural del coche se limita a la pista.
Es irónico: el CEO de una empresa de tecnología móvil y conectividad global conduce un vehículo que apenas puede moverse fuera de un circuito de carreras. Pero tal vez eso sea precisamente el punto. No se trata de practicidad ni de imagen corporativa. Es pasión pura.
Apple y Porsche: una conexión más profunda
La relación entre ambas marcas va más allá de los egos de sus líderes. En 1980, el equipo Dick Barbour Racing inscribió un Porsche 935 K3 en Le Mans pintado con los colores del arcoísis de Apple —una alianza temprana entre diseño y velocidad. Este año, para conmemorar los 50 años de Apple y el 75 aniversario de Porsche Motorsport, la marca alemana repitió ese esquema de colores en dos 963 que compitieron en Laguna Seca.
Hay algo poético en notar cómo Jobs y Ternus representan dos enfoques completamente opuestos de lo mismo: el poder y la riqueza en Silicon Valley. Uno creía que ocultarla era estrategia. El otro simplemente la vive, sin dramatismo ni apología.
Con información de Xataka.
