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El lado oscuro de ser millonario de la noche a la mañana en la IA

El lado oscuro de ser millonario de la noche a la mañana en la IA

Michia Rohrssen vendió su empresa de software a los 31 años por 110 millones de dólares. Debería haber sido su final feliz. Lo que nadie le advirtió es que acababa de quedarse sin razón para existir.

La historia de Rohrssen, que él mismo compartió en el podcast ‘Exit Paradox’, resume un fenómeno que está ganando visibilidad en Silicon Valley: la velocidad con que la inteligencia artificial está creando fortunas es directamente proporcional a la velocidad con que destruye la identidad de quienes las acumulan. Pasó meses deambulando sin dirección, con la sensación literal de que su cerebro se apagaba. “Es mucho más duro cuando ya lo has logrado y sigues sintiéndote igual de roto”, contó a Bloomberg.

Índice
  1. El síndrome que nadie menciona en los pitch decks
  2. El miedo a parar cuando ya ganaste
  3. La industria de arreglarse después de ganar
  4. La pregunta que eventualmente nos alcanzará a todos

El síndrome que nadie menciona en los pitch decks

Lo que Rohrssen experimentó tiene nombre científico: síndrome de riqueza súbita. El psicólogo Stephen Goldbart lo acuñó en los años 90 para describir ese vacío existencial que atrapa a personas que alcanzan la seguridad financiera de un momento para otro. El resultado: crisis de identidad, depresión, insomnio, ansiedad. Todo lo que promete desaparecer cuando desaparecen las deudas.

Los fundadores tecnológicos, según la psicoterapeuta Annie Wright, son especialmente vulnerables. La razón es simple: “Hay valoraciones altísimas, muchísima atención pública y la riqueza personal crece en un periodo extraordinariamente corto”. La IA está acelerando el proceso hasta niveles que la psicología apenas está procesando.

Las cifras lo confirman. La salida a bolsa de SpaceX creó cerca de 4.400 nuevos millonarios instantáneamente. Anthropic, valuada en casi un billón de dólares (algunos inversores hablan de dos), podría dejar siete nuevos milmillonarios entre sus fundadores y más de un millar de empleados con fortunas de 10 millones de dólares o más. OpenAI suma otros multimillonarios a la lista. Y eso ni siquiera cuenta las miles de adquisiciones de startups de IA por Google, Microsoft, Meta y Amazon que liberan a veinteañeros con decenas de millones en sus cuentas.

El miedo a parar cuando ya ganaste

Aquí viene lo paradójico: muchos de estos fundadores no se sienten capaces de frenar. Tienen el dinero, pero no el permiso psicológico para disfrutarlo o simplemente descansar.

Wright lo llama un FOMO que persiste incluso cuando el dinero ya no es razón para trabajar. En el caso de los creadores de IA, se suma algo más oscuro: la culpa moral de haber construido una tecnología con impacto masivo en la sociedad. Algunos hablan explícitamente de “daño moral” en relación a cómo está afectando su creación a otras personas.

Anastasia Koroleva, que vendió su empresa hace 16 años y ahora dirige el podcast donde documenta estos traumas post-venta, bautizó el fenómeno como “parálisis post-venta”: el miedo paralizante a intentar de nuevo, sabiendo que el mercado y tu propia cabeza esperarán que el siguiente proyecto sea un éxito instantáneo. Niklas Zennström, cofundador de Kazaa y Skype, lo resumió perfectamente: una vez tienes éxito, todo lo que hagas después tiene que brillar igual de rápido. La presión es destructiva.

La industria de arreglarse después de ganar

De este vacío ha brotado un negocio entero: coaches de vida, psicólogos especializados y comunidades privadas diseñadas para multimillonarios confundidos. Sam Parr dirige Hampton, una red de consultoría para fundadores ricos. Su observación es desoladora: “Es una locura cuánto dinero se está ganando. Hoy hasta empleados medios de la IA rondan los 100 millones”.

Su recomendación más sensata es también la más básica: “No hagas nada irreversible durante al menos un año después de la venta”. Pausa. Respira. Procesa. Pero en una industria obsesionada con el movimiento perpetuo, incluso el descanso se siente como fracaso.

La pregunta que eventualmente nos alcanzará a todos

El filósofo Nick Bostrom sugiere que la IA podría universalizar este escenario. Si las máquinas liberan a una porción significativa de la población de la necesidad de trabajar, entonces el problema que hoy afecta a unos pocos millonarios confundidos de Silicon Valley podría convertirse en la pregunta existencial que todos tengamos que responder: ¿quiénes somos cuando el trabajo ya no nos define?

Por ahora, Rohrssen y otros como él están buscando la respuesta de forma privada, en podcasts y salas de terapia. Pero si Bostrom está en lo correcto, la conversación sobre qué hacer con nuestras vidas cuando la supervivencia económica deja de ser una preocupación apenas está comenzando.

Con información de Xataka.

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