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Expulsar estudiantes no funciona: qué dice la ciencia

Expulsar estudiantes no funciona: qué dice la ciencia

Durante décadas, la expulsión temporal ha sido la respuesta automática de los colegios ante comportamientos indisciplinados. Pero dos décadas de investigación científica revelan que esta táctica no solo falla — en realidad empeora las cosas.

Índice
  1. El mito de la “tolerancia cero” que no funciona
  2. Lo que la evidencia realmente muestra
  3. Las alternativas que sí funcionan
  4. ¿Por qué no hemos cambiado antes?

El mito de la “tolerancia cero” que no funciona

La lógica parecía infalible: un estudiante se porta mal, lo mandas a casa, reflexiona sobre sus acciones, y vuelve reformado. Desde finales del siglo XX, esta receta se convirtió en el estándar casi universal en educación, bajo el principio de “tolerancia cero”. Se pensaba que alejarlo del aula era un castigo lo suficientemente fuerte como para activar la autocrítica.

El problema es que para muchos estudiantes, no ir a clase es un alivio, no un castigo. Y para otros, la expulsión se convierte en el primer paso de una espiral descendente que termina en deserción escolar.

Lo que la evidencia realmente muestra

La Asociación Estadounidense de Psicología se propuso revisar dos décadas de literatura científica sobre el impacto de las expulsiones escolares. El resultado fue contundente: no encontraron ninguna evidencia de que expulsar estudiantes mejore la seguridad o el clima escolar en general.

Lo que sí hallaron fue lo opuesto. Los estudiantes expulsados con mayor frecuencia tienen tasas significativamente más altas de abandono escolar y peor desempeño académico. Además, hay un patrón problemático: estas medidas se aplican desproporcionadamente a estudiantes de colectivos más vulnerables, profundizando la brecha social sin resolver el problema real de comportamiento.

En otras palabras: la expulsión es un parche que no cura, y que además castigaba más duramente a quien ya enfrenta mayores obstáculos.

Las alternativas que sí funcionan

Si el castigo no es la respuesta, ¿qué lo es? Un análisis de 2023 que evaluó 32 investigaciones diferentes con datos de casi 394.000 estudiantes ofrece respuestas concretas.

Apoyo Conductual Positivo fue uno de los modelos más prometedores. En lugar de esperar a que el estudiante rompa la norma para castigarlo, estas metodologías rediseñan el entorno escolar para reforzar activamente comportamientos positivos. El resultado: estudiantes con mejor rendimiento cognitivo y una convivencia más sana.

Pero hay otra aproximación que está ganando terreno: la justicia restaurativa. En lugar de centrarse en quién rompió la regla y qué castigo merece, esta metodología pregunta qué daño se causó a la comunidad y las relaciones interpersonales, y cómo se puede reparar.

Una revisión de 2025 analizó 13 estudios sobre justicia restaurativa en escuelas. Los resultados fueron claros: reducción de la violencia escolar, mejora del bienestar emocional de los estudiantes, y menos expulsiones. Una revisión sistemática de 2022 profundizó en esto, concluyendo que estas prácticas no solo cumplen su objetivo disciplinario — también mejoran drásticamente el clima escolar e impactan directamente en mejores resultados académicos.

¿Por qué no hemos cambiado antes?

La respuesta es compleja. La “tolerancia cero” es intuitivamente atractiva para políticos y administradores porque parece una política fuerte y clara. Es fácil de comunicar y de implementar. Cambiar hacia modelos de justicia restaurativa o apoyo conductual positivo requiere capacitación docente, reestructuración de protocolos, y una inversión sostenida que no genera titulares espectaculares.

Pero la ciencia es taxativa: el cambio vale la pena. No solo es más efectivo — es más justo, porque no perpetúa desigualdades ni cierra puertas a estudiantes que ya enfrentan barreras.

Con información de Xataka.

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