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Hawái batalla contra una planta que plantó hace 200 años con drones e insectos

Hawái batalla contra una planta que plantó hace 200 años con drones e insectos

En 1825, las autoridades de Hawái introdujeron el guayabo fresa desde Brasil con la mejor de las intenciones: alimentar a la población con sus frutos dulces y abundantes. Dos siglos después, esa decisión se convirtió en una pesadilla ecológica que requiere drones, insectos brasileños y estrategias cada vez más sofisticadas para mantenerla bajo control.

Índice
  1. De alimento promesa a invasor sin control
  2. Por qué es tan difícil de detener
  3. La solución vino de Brasil, nuevamente
  4. Resultados limitados, pero esperanzadores

De alimento promesa a invasor sin control

La historia del Psidium cattleianum en las islas hawaianas es un clásico de las consecuencias no previstas. El árbol se adaptó tan bien al clima tropical del archipiélago que pasó de ser un cultivo marginal a colonizar miles de hectáreas en menos de dos siglos. Para 2021, científicos hawaianos la catalogaron como la segunda especie más abundante en las islas, presente desde el nivel del mar hasta terrenos a 1.500 metros de altitud.

El problema no fue simplemente que la planta creciera. Fue que lo hizo con una velocidad y un vigor que alteró fundamentalmente el ecosistema. Los bosques infestados de guayabo fresa perdieron un 27% más de agua que los bosques nativos de ‘ōhi’a lehua, el árbol hawaiano tradicional. Además, cuando la fruta cae al suelo, atrae a moscas de la fruta orientales, una plaga que afecta más de 400 tipos de frutas y verduras.

Por qué es tan difícil de detener

La expansión del guayabo fresa presenta un dilema clásico para el control de especies invasoras: creció precisamente porque fue exitoso en su nicho. Los animales comen la fruta y dispersan las semillas. Cortarlo tampoco funciona porque el árbol rebrota con más vigor. No hay un enemigo natural que lo controle de forma eficiente en Hawái, lo que la UICN incluyó entre las 100 peores especies invasoras del mundo.

Russell Kokubun, del Departamento de Agricultura de Hawái, lo resumió bien en 2011: el bosque nativo no puede competir con el guayabo fresa invasor. Los mapas topográficos ya mostraban el daño masivo acumulado, y la situación seguía empeorando año a año.

La solución vino de Brasil, nuevamente

Después de más de una década de investigación, los científicos estadounidenses identificaron a un aliado inesperado: el Tectococcus ovatus, una pequeña cochinilla originaria de Brasil que ataca de forma natural al guayabo fresa. El insecto no erradica la planta, pero genera agallas en sus hojas que ralentizan su reproducción y su capacidad invasora. Es un equilibrio imperfecto, pero mejor que nada.

El desafío fue propagarlo en la escala necesaria. Los investigadores necesitaban dispersar millones de cochinillas en terrenos montañosos y de difícil acceso. La solución llegó en forma de drones: pequeños vehículos teledirigidos que pueden llegar a zonas donde los equipos terrestres avanzan lentamente. La tasa de éxito fue del 86,6% usando drones, comparado con el 97,6% de los métodos tradicionales con pértigas, pero ganaban velocidad y cobertura.

Resultados limitados, pero esperanzadores

La realidad es que incluso con cochinillas y drones, los resultados no han sido espectaculares. Un estudio prolongado de 2005 a 2020 mostró que el impacto del Tectococcus fue más limitado de lo esperado. No es una solución definitiva sino un mecanismo de contención que compra tiempo para que los bosques nativos se recuperen.

Otras estrategias se han propuesto en paralelo, como fomentar el consumo de carne de cerdo local, ya que los cerdos salvajes juegan un papel clave en la dispersión del guayabo. Pero la realidad es que dos siglos de invasión no se revierten en un par de décadas. Lo que antes fue una solución ahora es un problema que Hawái tendrá que gestionar indefinidamente.

El caso del guayabo fresa es un recordatorio incómodo de que la tecnología y los insectos pueden ayudar, pero no reemplazar las decisiones ecológicas prudentes desde el inicio. Y para un archipiélago donde el 90% de la flora nativa ya ha desaparecido, cada pequeño avance en el control de invasoras cuenta.

Con información de Xataka.

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