Durante años, cada invierno en Ucrania ha significado lo mismo: misiles rusos contra infraestructura energética. Pero este año la ecuación cambió. Rusia sigue planeando apagones masivos, pero ahora enfrenta un enemigo que también aprovecha el frío: los ataques ucranianos a sus refinerías de combustible.
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El muro invisible que Rusia quiere derribar
Desde hace meses, Ucrania ha construido algo que los analistas llaman “zonas de muerte”: extensiones de decenas de kilómetros alrededor del frente vigiladas constantemente por miles de drones FPV baratos. Estos aparatos, pilotados a distancia, rastrean vehículos blindados, artillería y concentraciones de tropas rusas, atacándolos antes de que alcancen las líneas ucranianas. Es una defensa ingenua en apariencia, pero efectiva: ha neutralizado la ventaja numérica rusa transformando el campo de batalla en un espacio abierto donde concentrar tanques es suicida.
El comandante Denys Prokopenko, del 1.º Cuerpo Azov, ya ha alertado: Rusia conoce el punto débil de este sistema. Los drones FPV tienen poca potencia, dependen de cámaras que no ven en la oscuridad y fallan con lluvia, nieve o niebla. Además, en otoño e invierno, los días se acortan. Con estas condiciones, Moscú espera abrir ventanas de oportunidad para mover blindados sin que los drones puedan detectarlos.
Tanques adaptados y estrategia dispersa
Según reportes recientes, Rusia no está preparando simples columnas blindadas como las del inicio de la invasión. Está acumulando vehículos de varios ejércitos —el 51.º, 41.º y 8.º— equipándolos con sistemas de guerra electrónica, jaulas antidrones y otras protecciones. La diferencia crucial es la táctica: en lugar de concentraciones masivas, Moscú planea abrir múltiples ejes de avance simultáneos alrededor de Dobropillia. Así, cuando el clima debilite los drones ucranianos, Kiev deberá elegir: ¿en qué sector concentro mis operadores, aparatos y municiones limitadas?
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) ya ha confirmado movimientos de blindados y drones rusos hacia esa zona. El objetivo es claro: recuperar cierto grado de maniobra mecanizada y abrir una cabeza de puente hacia el cinturón fortificado del Donbás.
Kiev responde atacando las refinerías enemigas
Mientras Rusia prepara la ofensiva de tierra, Ucrania ha identificado otra vulnerabilidad rusa: el combustible. Zelenski afirma que su país ya ha inutilizado el 45% de la capacidad de refino de Rusia. Los números son impactantes. Un ataque reciente a la refinería de Yaroslavl dañó una unidad que procesaba el 40% de su producción; otra unidad del 33% ya estaba en reparación por un golpe anterior. La consecuencia: Rusia ha restringido sus exportaciones de diésel en un mercado internacional donde los precios ya son récord.
Es una paradoja de la guerra moderna: mientras el Pentágono y Washington presionan a Zelenski para que deje de atacar refinerías rusas —porque el precio del diésel mundial sube y afecta economías aliadas—, el presidente ucraniano rechaza renunciar a esta ventaja mientras Rusia sigue destruyendo sus propias plantas de energía. La salida que se negocia es una tregua energética recíproca: Ucrania para, Rusia para. Trump ha hablado del tema; la decisión podría llegar antes del primer frío.
La cuenta regresiva
Zelenski ha pedido a Washington un “paquete de invierno” que incluya sistemas Patriot y más defensa aérea para proteger la retaguardia. En el frente, Ucrania necesita conservar suficientes drones operativos para que el mal tiempo no se convierta en una autopista para los blindados rusos. Rusia, por su parte, apuesta a que el frío paralice drones y refuerce su ofensiva terrestre justo cuando su propio combustible está bajo presión.
Este no es el primer invierno de la guerra, pero es el primero donde ambos bandos han diversificado sus armas contra el clima. Moscú sigue preparando apagones masivos, pero ahora debe preocuparse por si la energía que pretendía usar para su propia guerra logística llegará a sus tanques. Zelenski sabe que necesita meses, no años. Antes de la primera nevada, Ucrania debe lograr que el control del frío no determine quién avanza y quién retrocede.
Con información de Xataka.
