España lidera un récord poco envidiable en Europa: sus ríos concentran la mayor cantidad de fósforo y materia orgánica por litro. Lo preocupante es que, mientras el resto del continente mejora, el país va en dirección opuesta — los fosfatos se han triplicado desde 2007.
Índice
Una comparación incómoda
Imagina dos vasos de agua idénticos. Uno contiene agua del Tajo español; el otro, del Tejo portugués — a veces es literalmente el mismo río. Según datos de Eurostat, el primero tiene quince veces más fosfatos que el segundo. No es una diferencia menor: es un abismo que refleja un problema estructural de cómo manejamos nuestros recursos hídricos.
La Universitat Politècnica de València ha estado rastreando esta realidad incómoda. María Pachés y su equipo crearon el índice HPRE (Human Pressure on River Ecosystems) para medir dos contaminantes clásicos: la demanda bioquímica de oxígeno — el oxígeno que los microbios gastan descomponiendo materia orgánica — y los fosfatos, que disparan el crecimiento de algas.
Un indicador que dice más de lo que parece
Es importante aclarar qué mide el HPRE: no es un termómetro de calidad global del agua, sino un indicador específico de presión humana en los ecosistemas fluviales. Un río puede salir bien puntuado en este índice y aun así ser un desastre ecológico. Suecia lo demuestra: tiene pocos fosfatos, pero dos de cada tres de sus ríos no alcanzan un buen estado ecológico.
Entonces, ¿cuál es el problema real de España? No es que estemos entre los peores de Europa en términos generales — no lo estamos. El problema es la dirección de la flecha. Entre 2015 y 2021, toda Europa mejoró sus niveles de contaminación. España, en cambio, empeoró.
Los números que alarman
Las cifras son contundentes. A finales de la década de 2000, los fosfatos promediaban 0,160 mg/l. Para 2021, habían subido a 0,448 mg/l. En 2023, alcanzaban 0,547 mg/l. Es decir, se triplicaron en dieciséis años sin atisbo de desaceleración.
La materia orgánica tuvo un pico en 2016 y desde entonces ha bajado, pero sigue por encima de los niveles registrados en 2007. No es recuperación: es apenas un respiro temporal.
¿Por qué España se queda atrás?
La Universidad Técnica de Košice identificó los culpables: nuestro bajo caudal relativo, el peso del regadío intensivo y la urbanización turística han debilitado la capacidad de dilución de los ríos. Con menos agua circulando y más nutrientes vertidos, las concentraciones se disparan.
Es un argumento que suena a justificación — “otros países tienen más agua” — pero a los ríos les da igual las excusas. Con poco caudal y mucho fósforo, simplemente se eutrofizan. Las algas proliferan, consumen oxígeno, mueren y crean zonas muertas.
La solución existe — pero no la aplicamos
No es un problema sin salida. El tratamiento terciario de aguas residuales elimina el fósforo efectivamente. La Unión Europea lo sabe tan bien que la Directiva 2024/3019 lo hace obligatorio en zonas con riesgo de eutrofización. España aún no ha transpuesto esta norma, aunque no hay fecha oficial — solo se especula que llegará antes del 31 de julio de 2027.
¿Por qué la demora? Porque, como apuntó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en su condena de diciembre, en realidad no nos tomamos el problema del agua en serio. Las políticas públicas siguen tratando el agua como un recurso infinito y barato cuando, en realidad, es cada vez más escaso y cada vez más costoso limpiarla.
El debate técnico sobre fosfatos y tratamientos terciarios oculta una verdad más incómoda: la falta de voluntad política para hacer lo obvio.
Con información de Xataka.
