Después de invertir 164 millones de euros hace casi tres años en renovar su plataforma de venta de billetes sin resultados espectaculares, Renfe decidió cambiar de táctica. Ahora apuesta por un hackathon abierto: 50 desarrolladores trabajarán durante una jornada completa en retos reales de la compañía ferroviaria española.
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¿Por qué Renfe recurre a un hackathon?
La historia de la transformación digital de Renfe es larga y, siendo honesto, no precisamente de éxito rotundo. En 2019 lanzó una licitación de 700.000 euros que terminó en dos contratos millonarios: uno de 78,6 millones con Accenture y Evolutio para el nuevo sistema de venta, y otro de 85,5 millones con Sqills para gestión de viajeros. A pesar de eso, los problemas persisten.
Los ejemplos sobran: el estreno de AVLO en 2020 terminó con la web colapsada, y en momentos de demanda alta siguen apareciendo colas virtuales interminables. Esto no es un detalle menor. Renfe es la operadora ferroviaria pública de España y, según datos de Semrush, renfe.com recibió 9,5 millones de visitas en agosto de 2024, posicionándose como la tercera web de viajes y turismo más visitada del país. Una plataforma de esa envergadura no puede permitirse sorpresas.
Así que, harto de licitaciones tradicionales y consultoras con resultados discutibles, Renfe decidió probar suerte con algo diferente: abrir el problema al talento externo. El hackathon no es una solución mágica ni reemplaza la infraestructura necesaria, pero sí es una forma honesta de buscar perspectivas nuevas y soluciones creativas que las grandes consultoras a veces no ven.
Cómo funciona el evento
El Hackathon Renfe Digital tendrá lugar el 3 de noviembre en TheCUBE Suanzes, en Madrid. Son 50 plazas limitadas y la jornada será completamente presencial: 10,5 horas de trabajo intenso.
Los participantes elegirán entre cuatro retos específicos: información al viajero en tiempo real, inteligencia de demanda, accesibilidad e inclusión digital, o el billete como origen de una movilidad conectada y sostenible. Renfe busca tres tipos de perfiles: técnicos, especialistas en producto y negocio, y estudiantes.
Los premios no son espectaculares pero tienen valor real. El primer puesto recibe un curso híbrido de IA de 16 horas valorado en 950 euros. El segundo, una licencia anual de Claude Pro o ChatGPT Plus (230 euros). El tercero, un curso online de 6 horas por 130 euros. Todos los asistentes, sin excepción, reciben un certificado.
Hay un detalle importante: el código generado debe publicarse con licencia abierta, y Renfe obtiene una licencia gratuita, no exclusiva e ilimitada para usos no comerciales. Esto significa que aunque ganes, tu trabajo beneficia también a la compañía de manera permanente.
Cómo participar y fechas clave
Las inscripciones están abiertas hasta el 5 de octubre a través de una convocatoria individual. Los requisitos son simples pero estrictos: ser mayor de edad, no trabajar en Renfe ni en su grupo empresarial, y poder asistir a toda la jornada presencial sin excepciones.
El proceso de selección tiene dos fases. Primero se verifican los requisitos mínimos. Después, un equipo evalúa tu motivación, experiencia, orden de inscripción y qué tan bien encajas en el equilibrio de perfiles del evento. Habrá una breve llamada de cinco a siete minutos para los candidatos preseleccionados.
Si resultas seleccionado, lo sabrás el 14 de octubre. Tendrás hasta el 16 para confirmar tu plaza. El hackathon mismo ocurre el 3 de noviembre.
Lo que esto dice sobre el estado de las consultoras tech en España
Que Renfe recurra a un hackathon después de gastar casi 164 millones euros con consultoras tradicionales dice algo importante sobre cómo funciona ese sector. No es que las consultoras sean inherentemente malas, pero cuando una empresa de infraestructura crítica como Renfe siente que debe buscar soluciones en otro lado, algo no está funcionando.
Los hackathones no reemplazan el trabajo estratégico ni la arquitectura empresarial que requiere modernizar sistemas heredados. Pero sí son un recordatorio de que a veces la mejor solución viene de afuera, de equipos pequeños trabajando sin la carga burocrática de un contrato de millones de euros. Es una admisión implícita de que los grandes presupuestos no garantizan grandes resultados.
Con información de Xataka.
