En una zona de Alemania donde antes se extraía carbón, ahora se levanta el aerogenerador más alto jamás construido. Con 365 metros de altura y 750 toneladas de peso, esta turbina eólica representa un desafío de ingeniería sin precedentes: no existe grúa en el planeta capaz de elevar sus componentes hasta esa cota.
La empresa alemana GICON está construyendo este titán eólico a unos 50 kilómetros al norte de Dresde, en Schipkau, aprovechando los terrenos de una antigua mina de lignito a cielo abierto. La estructura base alcanzará 300 metros —apenas 35 metros menos que la torre de televisión de Berlín—, pero cuando se instalen las palas, el punto más alto llegará a los 365 metros. Es un hito que pone en perspectiva lo que hemos visto hasta ahora en la industria eólica terrestre.
La solución que nadie esperaba
En lugar de rendirse ante lo imposible, GICON diseñó un método que parece sacado de un videojuego de construcción. Primero, las grúas convencionales transportan la góndola (el corazón mecánico de la turbina), el buje del rotor y las palas hasta una plataforma de acero suspendida a 165 metros de altura. Allí, equipos de técnicos especializados reciben los componentes y comienzan el ensamblaje inicial.
A partir de ese punto, toma el relevo una “torre interior” modular que funciona como el verdadero motor de la construcción. Esta estructura se eleva a sí misma mediante un sistema de piezas individuales interconectadas —alrededor de 22.000 componentes en total— que se unen para formar la torre completa. Es un proceso que requiere precisión quirúrgica: cada compartimento para tornillos tiene un código QR que los instaladores escanean con destornilladores inalámbricos de 25 kilogramos cada uno, asegurando que cada tornillo se apriete exactamente como especifican los planos.
No es dramatizar decir que nada puede fallar. La complejidad del montaje es tal que han realizado mediciones y pruebas previas con una torre de 300 metros antes de iniciar la construcción final del aerogenerador.
¿Por qué construir tan alto?
La respuesta está en la física del viento. A mayor altura, menos perturbaciones del terreno afectan el flujo de aire, y la velocidad del viento aumenta significativamente. Según las mediciones que GICON realizó con un mástil de 300 metros, a esa elevación es posible lograr un incremento de aproximadamente 40 % en la producción eólica. Bajo condiciones favorables, incluso podrían duplicar la electricidad generada con un rotor del mismo diámetro en torres más bajas.
El concepto no es nuevo: la eólica marina lleva años aprovechando esta ventaja, donde la ausencia de obstáculos permite vientos más potentes y consistentes. GICON ahora busca traer esa lógica al terreno firme, aunque con un costo de complejidad que aún debe probarse viable operacionalmente.
El verdadero interrogante
Con toda esta ambición ingenieril emerge una pregunta pragmática: ¿merece la pena? Construir una turbina a 365 metros introduce complejidades no solo en el montaje, sino también en el mantenimiento futuro. Cualquier reparación implicará desafíos logísticos sin precedentes. Los números de producción eléctrica deben justificar esos costos adicionales de operación a largo plazo.
Por ahora, GICON tiene un proyecto único en sus manos. Si todo funciona como se planea, este aerogenerador de Schipkau podría establecer nuevos estándares para la industria eólica terrestre. Si no, al menos habrá dejado constancia de hasta dónde puede llegar la creatividad humana cuando se enfrenta a un problema aparentemente insuperable.
Con información de Xataka.
