En Asturias se comercializa un pueblo entero por 1,89 millones de euros —casi medio millón menos que su precio inicial—. La propiedad incluye 14 viviendas, una iglesia, cementerio y una finca de 770 hectáreas atravesada por ríos, donde conviven osos pardos y urogallos en peligro de extinción.
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¿Qué exactamente se compra aquí?
El anuncio, publicado por la agencia Aldeas Abandonadas, describe un conjunto disperso por la finca: una casona señorial frente a la iglesia (antigua residencia de los señores), catorce casas, cuadras, un palomar y la construcción más característica de la región: un hórreo, ese granero tradicional asturiano ensamblado sin tornillos, elevado sobre pilares. Dos carreteras locales atraviesan el terreno y lo conectan con servicios cercanos, algo inusual en ofertas de este tipo.
La geografía es compleja. Los hayedos dominan un paisaje que combina roca desnuda, brezales y piornos, salpicados de robles, fresnos, arces y acebos. Varios cauces de agua cruzan la propiedad, encajándola entre ríos. Históricamente, estas montañas sirvieron para pasto, leña y explotación forestal; hoy el anuncio señala al senderismo y esquí de travesía como posibles usos.
Un pueblo con inquilinos de garra y pluma
Lo más notable: la finca alberga un cantadero histórico de urogallo, un ave casi desaparecida de la que apenas quedan 209 ejemplares en toda la Cordillera Cantábrica según datos de 2024. Además, es territorio apto para núcleos reproductores de oso pardo, cuya población asturiana crece a ritmo cercano del 10% anual tras décadas de protección.
El catálogo de fauna es extenso: ciervos, nutrias, lagartijas serranas, murciélagos forestales, águilas reales, aguiluchos y perdices pardillas. Esto no es decorativo: implica restricciones legales para cualquier uso futuro de la propiedad.
Un mercado en movimiento
El caso no es aislado. Aldeas Abandonadas, especializada en este nicho desde hace más de 15 años sin sede física, maneja entre 20.000 euros y 5 millones, con la franja de 150.000 a 400.000 euros como la más común. España cuenta aproximadamente 3.000 pueblos abandonados, concentrados en Galicia, Asturias y Castilla y León.
Lo sorprendente es quién compra. Hace una década, los españoles representaban menos del 1% de las operaciones; hoy rondan el 30%. Aún así, entre el 60% y 75% de los compradores provienen del extranjero. Algunos casos recientes ilustran las tendencias: Bárcena de Bureba (Burgos), con 50 casas, se vendió por 350.000 euros en 2022 y una pareja neerlandesa la transformó en ecoaldea con paneles solares y bosque comestible; Salto de Castro (Zamora) cambió de manos por 300.000 euros ese mismo año y reaparición en el mercado al doble en 2023 con interés de grupos árabes y estadounidenses.
El costo invisible
Estos precios cierren una historia incompleta. La mayoría de vendedores son particulares que heredaron estas propiedades o promotores que apostaron por turismo rural sin desarrollarlo. Ningún anuncio detalla mantenimiento, saneamiento o rehabilitación. La ecuación es simple pero engañosa: si en una casa individual puedes gastar lo que quieras, en catorce viviendas simultáneamente esa realidad se multiplica sin control obvio.
Comprar un pueblo es comprar un problema sin presupuesto definido, incluso si el precio inicial parece razonable.
Con información de Xataka.
