En Estados Unidos, lo único que se sigue construyendo es infraestructura para IA. Desde finales de 2023, el gasto en centros de datos creció de $24 mil millones a más de $75 mil millones anuales, mientras toda la demás construcción privada se desplomó.
Analizando datos del Censo estadounidense, se ha graficado algo que habla por sí solo: mientras el gasto en oficinas, vivienda y otras obras retrocede, los datacenters siguen la única trayectoria alcista. Entre diciembre de 2023 y julio de 2026 se perdieron $120 mil millones en construcción tradicional. En los centros de datos, en cambio, se ganaron $51 mil millones en ese mismo lapso.
Los números son tan desproporcionados que desde 2024 el Censo clasificó estos proyectos por separado dentro de la categoría de construcción de oficinas. Razón: combinados, distorsionaban completamente el panorama del sector.
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La realidad física de la apuesta por IA
Una aclaración importante: estos no son beneficios empresariales ni dinero en el aire. Es inversión concreta en infraestructura que alguien tiene que construir: terrenos, acero, electricidad, mano de obra. Y mucha. Tan mucha que es casi imposible encontrar carpinteros o electricistas en Estados Unidos que no estén ya comprometidos en algún datacenter.
Pero acá hay un matiz: la construcción física representa una porción minoritaria del costo total de un datacenter. Lo demás son servidores, chips, redes y sistemas de refrigeración. Aun así, $75 mil millones anuales en construcción es un monstruo de dinero.
Las cifras de ocupación son de película de suspense: la consultora JLL reporta capacidad significativa en construcción en EEUU, con una ocupación proyectada muy alta. Es decir, antes de que terminen de construir, ya están casi vendidos. Las grandes empresas de tecnología no están jugando.
¿Burbuja o realidad?
Un hito importante: en algún momento reciente, el gasto en centros de datos superó al de oficinas tradicionales por primera vez. Desde entonces, la brecha solo ha crecido.
¿Problema? La economía estadounidense ahora depende de esto. Según reportes del sector, apenas tres cosas sostienen el gasto total en construcción: datacenters, energía e infraestructura vial. Sin ellos, el sector se resiente. Y de hecho, se está resintiendo: a pesar del boom en centros de datos, el gasto total en construcción ha mostrado caídas. La caída en vivienda y oficinas fue más profunda.
Lo más preocupante es que la inversión empresarial más amplia lleva plana desde hace años, según análisis económicos. Si la economía estadounidense pierde momentum en su apuesta por inteligencia artificial, sin ese colchón probablemente entraría en recesión. Economistas han planteado que sin el boom de IA, otros sectores —energía más barata, tasas de interés menores— tendrían más tracción en la economía.
El riesgo de poner todos los huevos en una canasta
Aquí está el dilema. Estados Unidos está construyendo agresivamente para la IA porque cree que es la apuesta del siglo. Probablemente lo sea. Pero esa convicción se ha convertido en dependencia. Ya hay cifras significativas del PIB estadounidense destinadas a gasto en datacenters, hardware y redes. Una cifra que suena pequeña hasta que entiende que es sostenida por pocas empresas: las mismas grandes corporaciones de tecnología que dominan el mercado.
Y tienen sus propios problemas. Consumo energético insostenible en algunos casos, oposición comunitaria (comunidades enteras se quejan de los impactos en infraestructura local), y burocracia. El crecimiento de los datacenters no es automático.
La foto es clara: Estados Unidos eligió dónde invertir su dinero. Y quedó claro en ladrillos, acero y circuitos. Mientras el resto de la construcción se resiente, los centros de datos para IA son la única obra en pie. Eso dice mucho sobre hacia dónde va la economía. Y también sobre el riesgo de apostar toda la canasta a una sola tecnología.
Con información de Xataka.
