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El documental de 4 horas sobre Musk de Gibney: ambicioso pero se pierde en el camino

El documental de 4 horas sobre Musk de Gibney: ambicioso pero se pierde en el camino

Cuando un cineasta decide dedicar cuatro horas a la vida de una sola persona, o termina con una obra maestra épica o con una película que pide a gritos un editor implacable. El nuevo documental de Alex Gibney sobre Elon Musk cae en la segunda categoría: es cautivador en momentos, pero la extensión trabaja en su contra.

Índice
  1. Una película que no sabía cómo terminarse
  2. ¿Hay algo nuevo aquí?
  3. La pregunta sobre el corte
  4. ¿Vale la pena verlo?

Una película que no sabía cómo terminarse

Gibney, documentalista reconocido, decidió dedicar cuatro horas a Musk. La ambición es comprensible: ahí hay material de sobra. Pero el film no logra cohesión. Funciona más bien como dos películas distintas pegadas de mala manera, sin que una transición natural las conecte.

Lo que ves es un retrato que mezcla lo provocativo con lo obvio. Hay escenas que generan tensión real, momentos en que el documental captura algo genuino sobre cómo piensa Musk o cómo opera en los negocios. Pero luego la película se detiene, retrocede, repite puntos que ya había tocado.

¿Hay algo nuevo aquí?

Para quien ha estado pendiente de la cobertura de Musk en los últimos años, la respuesta es: no mucho. El documental revisa la trayectoria de Tesla, SpaceX, sus comportamientos públicos en redes sociales, la adquisición de X, los conflictos personales. Pero la mayoría de eso ya está en la prensa, en otros documentales, en reportajes largos que cubren estos temas con más precisión.

Gibney añade un peso visual y una narrativa cinematográfica, lo que tiene valor. Ver las cosas contadas de este modo es distinto a leerlas. Pero no hay revelamientos sustanciales que justifiquen una inversión de tiempo semejante. El documental no descubre Musk; lo presenta de nuevo en un formato que demanda más de la audiencia sin ofrecerle mucho a cambio.

La pregunta sobre el corte

Hay una realidad incómoda en las cuatro horas de Gibney: parece una película que pudo haber sido excelente con un corte más agudo. No es que sobre contenido; es que sobra repetición. Las transiciones entre capítulos se sienten forzadas. El ritmo se desmorona después de cierto punto.

Un documental no necesita ser largo para ser profundo. A veces la brevedad obliga a tomar decisiones editoriales más inteligentes. Aquí, la duración pareciera servir más el ego del director que el beneficio de quien ve.

¿Vale la pena verlo?

Depende de qué tan interesado estés en Musk. Si tu curiosidad es casual, hay formas más eficientes de acceder a esa información. Si eres un perseguidor meticuloso del personaje, quizá encuentres valor en la aproximación de Gibney, aunque terminarás frustrado con lo que no dice de nuevo.

El documental se sostiene en su factura visual y en la presencia del tema. Pero una película no puede competir solo con eso si no tiene una idea clara de qué quiere probar o explorar más allá de lo obvio. Gibney hace un retrato de Musk, pero sin la claridad o la revelación que una obra de esa envergadura necesita.

Con información de Ars Technica.

Imagen: CaseyJNewell / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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