Esa pequeña cápsula de aluminio que hay en decenas de millones de cocinas alrededor del mundo tiene rostro e historia. Eric Favre, ingeniero suizo, la inventó mientras trabajaba para Nestlé. Lo que pasó después es una lección sobre cómo las grandes corporaciones pueden beneficiarse del genio ajeno sin compartir la riqueza que genera.
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El viaje que lo cambió todo
A mediados de los años 70, cuando Favre aún era un ingeniero en aerodinámica recién graduado de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, viajó a Roma con su esposa Anna-Maria. No iba con la misión de revolucionar el café: simplemente observaba. En las cafeterías italianas notó algo que pasaba desapercibido para la mayoría: cómo los baristas preparaban el espresso, específicamente el ritual de pasar agua caliente a través del café molido.
Favre vio algo que otros no vieron: la oxigenación del agua era clave para extraer los aromas correctamente. De vuelta en Suiza, durante su trabajo en el departamento de packaging de Nestlé, empezó a trabajar en una idea que sintetizaba así: espuma = aire + agua + aceite de café. Detrás de esa ecuación simple estaba el problema real: ¿cómo conservar el aire dentro de un espacio cerrado antes de que llegara el agua a presión?
La máquina que Nestlé no quería
Lo que comenzó como una máquina espresso de tamaño doméstico terminó comprimido en una cápsula estanca. Era ingenio puro. Pero en las oficinas de Nestlé, a mediados de los años 70, nadie veía el negocio. La empresa había apostado por el café soluble y desconfiaba de cualquier máquina espresso para el hogar.
Favre se convirtió en lo que sus propios superiores llamaban “un elemento incontrolable”. Las tensiones crecieron tanto que años después, en una entrevista con la revista Infoméduse en 2017, él mismo lo reconoció: “Mis relaciones con la alta dirección de Nestlé se complicaron durante todos esos años”. La empresa estaba convencida de que el futuro era el café instantáneo, no las cápsulas.
Aun así, Favre persistió. Junto al fabricante suizo Turmix, perfeccionó su sistema y registró la patente en diciembre de 1976: “Cartucho perfeccionado para confeccionar una bebida”. Pero Nestlé no le dio luz verde hasta 1985. El primer lanzamiento comercial de Nespresso fue en 1986.
El negocio que cambió el mercado del café
A partir de 1986, lo que parecía un proyecto marginal se convirtió en un fenómeno global. Nespresso construyó un modelo de negocio brillante: vender máquinas bonitas, cápsulas recurrentes y una experiencia de lujo que asociaba el producto con personajes como George Clooney y David Beckham. Ya no era solo café: era estatus, conveniencia, diseño.
Las cifras hablan por sí solas. A finales de 1989, apenas tres años después del lanzamiento, Nespresso había vendido millones de cápsulas. Hoy, Nespresso genera miles de millones de dólares anuales en ventas. La cápsula colonizó desde los escritorios corporativos hasta las casas de millones de personas que prefieren la comodidad a los rituales tradicionales del café.
El inventor que se fue con las manos vacías
Eric Favre dejó Nestlé en 1990 con una indemnización que le hizo sonreír a pocos: tres meses de salario. Nada más. Como empleado que era cuando desarrolló la cápsula, la patente quedó en manos de la empresa. No hubo royalties. No hubo compensación adicional. No hubo porcentaje del imperio que ayudó a crear.
A comienzos de los años 90, mientras Favre se marchaba de Nestlé, la empresa ya estaba en camino a generar miles de millones con su invento. Tres décadas después, cuando la patente original venció, emergieron competidores con cápsulas compatibles, pero el daño ya estaba hecho. Nespresso había consolidado su dominio.
La historia de Favre no es única en la tecnología. Es la historia de alguien que vio una oportunidad donde su empresa no la veía, que resolvió un problema complejo, que fue desestimado internamente. Y cuando finalmente su visión se hizo realidad, cuando Nestlé comprendió el valor de lo que había rechazado, el inventor ya estaba fuera del juego. Con tres meses de salario y un legado que no era suyo.
Con información de Xataka.
Imagen: Kevin Butz / Unsplash
