No es que los colombianos le teman a la inteligencia artificial. La adoptan, quieren estar listos para ella. Pero una cosa es creer que puedes manejar la tecnología, y otra muy distinta es estar seguro de que quién la maneja respetará tus datos. Un reciente estudio capturó esa contradicción: mientras 92% de los encuestados afirma estar listo para IA, exactamente dos tercios (66%) expresa preocupación genuina por fugas de información personal.
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La confianza tecnológica que no cubre la seguridad
La cifra es llamativa porque desnuda una verdad incómoda del ecosistema digital colombiano: la disposición a innovar no va al ritmo de la confianza en quién custodia la información. Ese 92% de preparación probablemente incluya a gente que sabe qué es machine learning, que usa asistentes virtuales sin problemas, que ve negocios automatizándose y no se asusta. Pero cuando se trata de entregar datos personales —números de cédula, historial financiero, ubicación, preferencias—, el optimismo se quiebra.
El fenómeno no es exclusivo de Colombia. Está documentado en múltiples mercados: las personas quieren los beneficios de la IA (mejor atención al cliente, diagnósticos médicos más rápidos, recomendaciones personalizadas) sin querer aceptar el costo de privacidad que esa tecnología exige. Pero en un país donde persisten brechas de infraestructura digital, y donde los casos de filtración de datos han ganado visibilidad en los últimos años, la desconfianza tiene peso adicional.
¿Qué explica la brecha de 26 puntos?
La diferencia entre el 92% que se siente listo y el 66% que teme fugas sugiere algo específico: hay un grupo significativo que dice estar preparado pero al mismo tiempo no confía en la infraestructura que debería protegerlo. Eso apunta a una debilidad crítica: la educación digital que existe no va de la mano con la seguridad operacional. Saber usar una herramienta no es lo mismo que estar seguro de que quien la administra tiene los controles adecuados.
También está el factor regulatorio. Colombia avanza en normativas sobre protección de datos, pero la velocidad de innovación en IA ha dejado los marcos legales atrás. Empresas, gobierno y usuarios navegan en territorio gris: ¿quién es responsable si un modelo de IA entrenado con datos personales filtra información? ¿Cuáles son los estándares mínimos de seguridad para algoritmos que influyen en decisiones crediticias o de empleo?
El impacto en decisiones reales
Esta paradoja tiene consecuencias prácticas. Empresas que quisieran implementar IA para mejorar sus servicios se enfrentan a clientes escépticos. Startups que dependen de datos para entrenar modelos encuentran resistencia mayor que en mercados donde la confianza es más alta. Y organismos que deben equilibrar la innovación con protecciones se enfrentan a decisiones difíciles sobre cuánta información es aceptable recolectar.
Lo que dice el estudio, en esencia, es que Colombia está lista para la IA pero no está segura de estar lista. Y esa inseguridad es, paradójicamente, señal de un público más informado que hace una década. Hace años, la pregunta sobre fugas de datos apenas registraba. Hoy un 66% la señala como preocupación central. Eso es madurez. Lo que falta es que el ecosistema de seguridad —técnico, regulatorio, cultural— crezca al mismo ritmo que la adopción.
Con información de Google News Tech CO.
Imagen: Gilles Lambert / Unsplash


