Una app de transporte es, en teoría, solo eso: un puente entre quién necesita ir de un punto a otro y quién tiene un carro disponible. Pero en Colombia, DiDi se convirtió en algo más: una herramienta de movilidad económica para personas que buscaban ingresos complementarios sin abandonar sus otros compromisos.
Las historias que rodean a esta plataforma en el país son concretas. Un estudiante de medicina encontró en DiDi una forma de financiar parte de sus gastos mientras cumplía con el ritmo exigente de su carrera. No es el único que vio en la app una oportunidad que no tenía antes. El impacto real está en que gente como él, con restricciones de tiempo y otras responsabilidades, puede generar ingresos en los espacios disponibles del día.
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Más allá de llevar gente de un lado a otro
Lo que distingue a DiDi en la conversación sobre aplicaciones de movilidad es que su funcionamiento se adapta a realidades colombianas específicas. Alguien que trabaja por horas, que tiene un horario fragmentado o que necesita subsidiar un proyecto personal tiene en la app un canal de entrada sin barreras complejas de acceso. Esto resulta especialmente relevante para grupos que históricamente han encontrado cerradas puertas en empleos convencionales.
Un deportista con discapacidad también figura entre quiénes han usado la plataforma como vía para generar ingresos. Su caso pone de relieve algo que a menudo pasa desapercibido en las discusiones sobre tecnología: que una herramienta diseñada de cierta manera puede incluir o excluir, facilitar o complicar. En este caso, DiDi funcionó como puerta de entrada a un mercado de trabajo que muchas veces permanece hermético para personas con limitaciones de movilidad.
Las historias de padres que trabajan a través de la app también son reveladoras. Para un padre o madre que además de responsabilidades domésticas y familiares busca complementar ingresos, el modelo de DiDi —donde tú defines horas y ritmo— presenta algo que escasea en el mercado laboral colombiano: flexibilidad real sin sacrificar completamente el acceso a ingresos.
Un modelo que cruza fronteras económicas
Lo que sucede en Colombia con DiDi es parte de un fenómeno más amplio: la economía de plataformas llegó a América Latina hace años, pero su impacto en economías de ingresos medianos y bajos genera dinámicas distintas a las de mercados desarrollados. Aquí, no se trata solo de “dinero extra”: para muchos, representa la diferencia entre poder estudiar y abandonar los estudios, entre tener un proyecto personal viable o dejarlo en el camino.
La plataforma no fue diseñada específicamente para estos casos de uso, pero la realidad colombiana la repurposionó. Estudiantes, personas con discapacidad, padres trabajadores: todos encontraron en el mismo código algo útil para sus circunstancias distintas. Es un recordatorio de que la tecnología muchas veces impacta de maneras no previstas, y que esos impactos pueden ser reales, económicos y significativos para quiénes los experimentan.
El cierre abierto
Las historias de estas personas no resuelven la conversación sobre si las apps de movilidad son justas, sostenibles o si protegen adecuadamente a quiénes las usan. Lo que sí dicen es que existen, que son vividas por personas reales, y que en el contexto específico de Colombia, representan alternativas económicas que antes no tenían. Eso no cierra el debate, pero lo hace más complejo y menos simplista de lo que suele ser cuando se discute desde fuera de estas realidades.
Con información de Enter.co.
Imagen: N509FZ / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
