Mientras la inteligencia artificial revoluciona casi todas las industrias, desde Faber-Castell Colombia lanzan un mensaje contracultural: hay cosas que una hoja en blanco hace mejor que cualquier algoritmo. El gerente general de la legendaria marca de lápices explicó en Semana por qué el papel no solo sobrevive, sino que prospera en la era de la IA.
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El argumento que probablemente no esperabas
No es nostalgia. No es una estrategia de marketing defensiva. Faber-Castell —una empresa con más de 250 años de historia— tiene una tesis específica sobre por qué el papel sigue siendo relevante cuando todo lo demás se digitaliza. Y viene de alguien que lidera una compañía cuyo negocio depende directamente de que la gente siga escribiendo, dibujando y anotando cosas a mano.
El gerente general de la operación colombiana fue a Revista Semana a plantear que existe algo en la experiencia analógica que escapa a la capacidad de la IA: no es solo funcionalidad, es algo que toca aspectos más profundos de cómo pensamos, procesamos información y nos relacionamos con el acto de crear.
¿Qué tiene el papel que la IA no puede copiar?
La respuesta no está en los pixeles ni en los algoritmos. Según la perspectiva de Faber-Castell, el papel ofrece una experiencia sensorial y cognitiva que los modelos de lenguaje y herramientas de IA generativa simplemente no replican. Cuando escribes a mano, hay un proceso físico involucrado: la fricción de la punta del lápiz, la textura del papel, la resistencia, la velocidad que controlas tú mismo.
La investigación neurocognitiva ya ha documentado que el aprendizaje y la retención de información mejoran significativamente cuando tomamos notas a mano versus cuando escribimos en una computadora. Hay algo en esa mediación manual que profundiza la comprensión. La IA, por muy sofisticada que sea, no puede replicar el acto de pensar mientras escribes, donde la forma en que expresas algo cambia lo que realmente piensas.
El contexto: una industria defensiva pero resiliente
No es casual que Faber-Castell hable de esto ahora. La pandemia aceleró la digitalización de formas que parecían irreversibles. Pero algo inesperado pasó: cuando todo se volvió virtual, muchas personas buscaron compensar esa experiencia con actividades analógicas, incluyendo escribir a mano y dibujar.
Las compañías de papelería y materiales de escritura enfrentaron predicciones de extinción hace una década. Sin embargo, el mercado de cuadernos premium, papel de calidad y lápices especializados ha crecido en segmentos específicos. Los millennials descubrieron el journaling, los profesionales redescubrieron el bullet journal, los artistas buscaron herramientas analógicas de mayor precisión. Faber-Castell está en posición de capitalizar esta tendencia porque tiene la credibilidad histórica y la calidad para hacerlo.
Lo que implica esta posición estratégica
Faber-Castell no está negando la IA. Está diferenciándose. Mientras las herramientas de IA se especializan en velocidad, volumen y automatización, el papel y los lápices se especializan en calidad, intención y proceso. Son dos cosas distintas sirviendo propósitos diferentes.
Para un usuario que busca generar contenido rápidamente, la IA es superior. Para alguien que quiere reflexionar, aprender, crear algo personal o pensar diferente, el papel sigue siendo el mejor aliado. Faber-Castell está apostando a que ese segundo grupo no solo existe, sino que crece.
El cierre
Lo interesante de esta narrativa es que no es una batalla. Papel e IA no necesitan competir por ser «lo mejor»; compiten por ser útiles en contextos diferentes. Faber-Castell simplemente está recordando que su arena —el papel en blanco, el lápiz en la mano— sigue siendo insustituible para ciertas cosas. Y en un mundo donde la IA promete reemplazar casi todo, ese argumento tiene un peso que probablemente ninguna inversión en marketing podría comprar.
Con información de Google News Tech CO.