Cuando se publican resultados como los de PISA 2025, la tentación es culpar a la tecnología por los déficits de aprendizaje. Pero la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) propone una lectura diferente: el verdadero desafío de Colombia es desarrollar lectores capaces de analizar, cuestionar y comprender textos en profundidad.
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¿Qué dicen realmente los números?
PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) es una prueba que cada tres años mide competencias en lectura, matemáticas y ciencias en adolescentes de 15 años en más de 80 países. Los resultados de 2025 ofrecen una instantánea incómoda del sistema educativo colombiano, pero también una pista importante que muchos reportes superficiales pierden de vista.
La conclusión de la UNAD es contundente: no se trata de que los estudiantes pasen demasiado tiempo frente a pantallas. El problema es que cuando leen —en cualquier formato— no están desarrollando las habilidades para ir más allá de la comprensión literal. No pueden extraer significados implícitos, conectar ideas o evaluar la credibilidad de una fuente.
La trampa de culpar a la tecnología
Es fácil echarle la culpa al celular, a las redes sociales o a los videojuegos. De hecho, es un argumento que vende editoriales y genera titulares alarmistas. Pero la evidencia sugiere que la tecnología es neutral: lo que importa es cómo se usa. Un adolescente que lee análisis profundos en un blog especializado está haciendo trabajo intelectual más exigente que uno que lee un párrafo en papel sin comprender su contexto.
Lo que PISA 2025 documenta, entonces, es un déficit de instrucción. Los colegios colombianos —como muchos en Latinoamérica— siguen basando la enseñanza de lectura en la decodificación básica: ¿qué dice el texto? No en la comprensión crítica: ¿por qué lo dice así?, ¿quién lo escribió y con qué interés?, ¿qué presuposiciones hay detrás?
Lectura profunda en la era digital
La UNAD plantea que el desafío es integrar, no eliminar. Una genuina alfabetización para el siglo XXI requiere que los estudiantes lean en profundidad a través de tecnología, no a pesar de ella. Esto significa enseñar a cuestionar lo que leen en redes sociales, a reconocer sesgos en algoritmos, a verificar datos y a construir argumentos basados en múltiples fuentes.
Un estudiante que puede leer un texto académico complejo, luego contrastarla con un artículo periodístico sobre el mismo tema y después analizar las diferencias en enfoque —todo en una tableta— está desarrollando competencias que van mucho más allá de las que exigía la educación tradicional.
¿Qué debería cambiar en las aulas?
Los resultados de PISA 2025 sugieren que las políticas educativas colombianas deberían enfocarse en:
Formación de docentes en pedagogía de la lectura crítica. No basta con que los maestros sepan leer bien; necesitan herramientas para enseñar a otros a leer críticamente, independientemente del medio.
Currículos que valoren la profundidad sobre la cantidad. Leer cinco textos con análisis riguroso es más efectivo que leer veinte superficialmente.
Uso estratégico de tecnología en el aula. Las herramientas digitales permiten acceso a contenido de calidad mundial. La clave es que ese contenido sea usado para profundizar, no para consumir pasivamente.
El mensaje de la UNAD es liberador en cierto sentido: no necesitamos prohibir ni restringir tecnología. Necesitamos ser más inteligentes en cómo la usamos para pensar.
El cierre que importa
PISA 2025 no es un veredicto sobre la tecnología en la educación colombiana. Es un espejo sobre cómo estamos enseñando a leer. Mientras no mejoremos eso —con o sin pantallas—, seguiremos produciendo estudiantes que pueden decodificar texto pero no procesarlo, comprenderlo ni cuestionarlo. Y en una era de desinformación masiva, eso es un lujo que Colombia no se puede permitir.
Con información de Google News Tech CO.