Lo que empezó como simples aplicaciones de compras baratas se convirtió en un dilema para la industria colombiana. Temu y Shein dejaron de ser solo plataformas de comercio electrónico y se transformaron en el punto de quiebre de una discusión que involucra a fabricantes, comerciantes, reguladores y Gobierno.
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El problema es más viejo que la pregunta
Cuando hablas con empresarios de la moda tradicional en Colombia, la quereja es siempre la misma: no es que Temu y Shein vendan barato, sino que aparentemente juegan en una cancha inclinada. El eje del debate no es el precio — que la competencia baje costos es, en teoría, saludable — sino el trato tributario.
Desde hace meses, gremios del sector presionan al Gobierno para que equipare las condiciones de tributación, especialmente en el IVA, entre estas plataformas chinas y los comerciantes locales. La lógica es directa: si una tienda física o una plataforma de e-commerce colombiana cobra IVA en cada venta, ¿por qué Temu y Shein operarían bajo reglas diferentes? La respuesta tiene que ver con cómo están estructurados los envíos internacionales y qué se considera importación de bienes de bajo valor.
Por qué el IVA es el punto de tensión real
El impuesto al valor agregado es el núcleo de la discusión porque afecta directamente el precio final para el consumidor. Si una prenda de ropa en una tienda local cuesta 50 mil pesos con IVA incluido, y la misma prenda en Temu cuesta 15 mil sin ese gravamen, la decisión de compra prácticamente se resuelve sola.
Para los comerciantes colombianos, esto no es solo una cuestión de pérdida de ventas. Es un problema de sostenibilidad: deben pagar impuestos sobre sus inventarios, sus empleados, su infraestructura física. Las plataformas chinas, operando desde el exterior, logran una posición de ventaja que los gremios consideran injusta y que piden sea corregida mediante cambios normativos.
El Gobierno, por su parte, enfrenta un equilibrio delicado. Aumentar la presión tributaria sobre estas plataformas podría hacer que suban sus precios — lo que afectaría a millones de colombianos que dependen de ellas para acceder a ropa, accesorios y otros bienes — o podría llevar a estas empresas a reevaluar su presencia en el país.
El crecimiento que nadie vio venir
Lo que hace urgente esta conversación es el ritmo de expansión. Temu y Shein no son nichos experimentales: son aplicaciones que millones de colombianos usan regularmente. Su crecimiento transformó el comercio electrónico local y obligó a la industria a repensar sus modelos.
Esto abre una pregunta incómoda para legisladores y reguladores: ¿cómo actualizar las reglas tributarias de un país cuando la tecnología y los modelos de negocio global cambian más rápido que los procesos de reforma fiscal? La normatividad vigente fue pensada para un comercio electrónico más tradicional, no para estas plataformas de entrega rápida y super low-cost que vinieron de Asia a reconfigurar expectativas de precio.
Qué sigue ahora
Por ahora, el debate sigue abierto y sin resoluciones oficiales confirmadas. La industria pide cambios; el Gobierno estudia opciones; las plataformas operan sin que la presión se traduzca aún en medidas concretas. Lo probable es que esta tensión continúe escalando, especialmente si el crecimiento de Temu y Shein sigue el ritmo que ha mostrado.
Lo cierto es que Colombia no está sola en este dilema. Otros países latinoamericanos y globales enfrentan preguntas similares sobre cómo regular el comercio digital que viene desde afuera, sin frenar la innovación ni castigar al consumidor. La respuesta que se encuentre aquí podría servir de referencia para otros mercados de la región.
Con información de Enter.co.