Telecomunicaciones

10,4 millones de hogares con internet en Colombia, pero el campo se queda atrás

10,4 millones de hogares con internet en Colombia, pero el campo se queda atrás

Colombia cruzó la barrera de los 10,4 millones de accesos fijos a internet, un hito que suena alentador hasta que miras el mapa: las zonas rurales siguen desconectadas. La cifra refleja un crecimiento urbano que no encuentra paralelo en el campo, donde la brecha de conectividad persiste como el obstáculo más profundo para la inclusión digital.

Índice
  1. Qué dice el número y qué oculta
  2. El contexto: dónde estábamos, adónde vamos
  3. Qué falta por hacer

Qué dice el número y qué oculta

Llegar a 10,4 millones de accesos fijos es un avance. No es menor. Pero la cifra, en sí misma, puede engañar. Detrás de ese número hay una realidad fracturada: mientras las ciudades principales ven cómo crece la competencia de proveedores y mejoran las velocidades de conexión, vastas regiones rurales aún se arreglan con alternativas precarias o ninguna.

La brecha rural no es un problema técnico solamente. Es económico, geográfico y estructural. El costo de desplegar infraestructura en territorios dispersos y de baja densidad poblacional desalienta a operadores privados. Sin subsidios o regulación que obligue a la expansión, la lógica del negocio favorece las ciudades.

El contexto: dónde estábamos, adónde vamos

El crecimiento de accesos fijos en Colombia ha sido sostenido, pero desigual. Las conexiones de banda ancha en el hogar han expandido su cobertura en los últimos años, pero la distribución geográfica revela las limitaciones de un modelo que prioriza rentabilidad sobre universalidad.

Colombia, como otros países de la región, enfrenta el dilema de toda expansión de conectividad: cómo cerrar brechas cuando el mercado por sí solo no lo hace. Otros países latinoamericanos han avanzado con programas de conectividad rural subsidiada, aunque con resultados mixtos. La pregunta para Colombia es si 10,4 millones de accesos es un trampolín hacia más equidad o solo una cifra que nos permite creer que el problema mejora cuando en realidad se perpetúa.

Qué falta por hacer

Para que la conectividad deje de ser un privilegio urbano, necesita una intervención deliberada: inversión pública en infraestructura rural, alianzas con operadores privados con incentivos claros, y regulación que exija expansión fuera de las grandes ciudades. Tecnologías como internet satelital podrían acelerar el proceso, pero requieren apoyo estatal para ser viables en territorios de baja demanda.

El próximo paso no es celebrar los 10,4 millones. Es preguntarse cuántos de esos accesos están en zonas rurales y qué garantía hay de que el crecimiento sea inclusivo o si simplemente reproducirá la concentración que hemos normalizado.

Con información de Google News Tech CO.

Imagen: Selena Jiménez / Unsplash

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