América Latina está en medio de una transformación regulatoria sin precedentes. Los datos financieros dejaron de ser un activo privado de los bancos para convertirse en información que fluye entre instituciones — y eso que parece un tecnicismo tiene implicaciones reales para cualquiera que use un celular para manejar su dinero.
Los tres principales mercados fintech de la región — México, Perú y Colombia — avanzaron en los últimos años hacia marcos regulatorios que obligan (o están obligando) a compartir información bancaria. Pero no lo hicieron de la misma forma. Cada país echó mano de estrategias distintas, reflejando tanto sus necesidades locales como el pulso político de cada momento.
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Tres enfoques, tres velocidades
México fue pionero regional en esta materia. El país mantiene una ley específica para las empresas de tecnología financiera, un marco jurídico que llegó después de años de operaciones en la sombra regulatoria. Con esa estructura en pie, México ya tiene un sistema más definido para el intercambio de datos entre actores financieros.
Perú está en el medio del camino. Construye su Sistema de Finanzas Abiertas, lo que significa que aún está definiendo reglas, estandarizando procesos y negociando con los actores del mercado cómo fluirá la información. Es un proceso que toma tiempo pero potencialmente más robusto, porque se edifica con las lecciones de quien viene atrás.
Colombia fue más directo: estableció un modelo obligatorio para el intercambio de información. No es que el país haya esperado a una ley nueva; usó sus herramientas regulatorias existentes para imponer que el data fluya. Es característico del enfoque colombiano: pragmático, regulatorio, menos proclive a la negociación.
¿Qué significa esto para el usuario final?
En teoría, toda esta apertura de datos tiene un propósito claro: permitir que los clientes de un banco puedan conectar sus cuentas a aplicaciones de terceros sin que el banco sea un cuello de botella. Quieres usar una app de presupuesto que lea tus transacciones automáticamente, o una fintech que ofrezca mejores tasas para ahorrar. Con finanzas abiertas, eso es posible porque la institución financiera original debe compartir tus datos (con consentimiento, claro).
También abre puerta a competencia real. Un usuario no está atrapado en el ecosistema de su banco porque ahora puede llevar sus datos a donde quiera. Los startups fintech tienen una cancha más pareja para competir con la banca tradicional.
Pero hay un lado menos romántico. Más intercambio de datos significa más puntos de exposición a riesgos de seguridad. Más actores tocando tus movimientos financieros exige mayor vigilancia regulatoria sobre ciberseguridad y cumplimiento normativo.
El ritmo diferente de cada país
La divergencia en enfoques refleja algo importante: no hay una sola “manera correcta” de abrir las finanzas. México optó por la ruta legislativa clásica (una ley nueva, instituciones especializadas). Perú prefiere construir con participación del ecosistema. Colombia impone obligaciones a través de la regulación existente.
Cada estrategia tiene costos y beneficios. La de México es más predecible pero llegó después de un proceso largo. La de Perú es más consultiva pero toma tiempo. La de Colombia es rápida pero puede generar fricción con actores que no estaban listos.
Lo que es claro es que los tres países reconocen la misma cosa: negar el acceso a datos financieros es negar competitividad. Es un reconocimiento que el modelo cerrado, controlado por bancos grandes, es insostenible si lo que quieres es un sistema financiero más incluyente y dinámico.
Qué sigue
La próxima fase no será de regulación, sino de interoperabilidad real. Que los sistemas hablen entre sí, que los datos fluyan sin fricciones, que no haya interpretaciones diferentes de un mismo estándar entre países. Eso requiere coordinación regional, algo que en América Latina es más fácil dicho que hecho.
Por ahora, cada país avanza a su ritmo. Pero el destino es el mismo: una región donde tus datos financieros te pertenecen realmente a ti, y no al banco donde tengas la cuenta.
Con información de Enter.co.
Imagen: Austin Distel / Unsplash

